A veces a uno le da por pensar en el paso del tiempo. Yo quizá pienso demasiado sobre ello. Hoy me acuerdo de todas esas amistades que he dejado en el camino por motivos bastante graves para mí...
...pero que hoy con la luz del día y de los años, ya no parecen tan graves. Y sólo recuerdo lo bueno de aquellas personas.
Supongo que cuando eres joven tienes la esperanza de encontrar aún mucha gente por el camino. Que perder los pocos amigos de tu infancia tampoco es tan grave en comparación con la cantidad de años que quedan por vivir y la cantidad de gente que pasará por ellos.
Siempre que he preferido olvidar a alguien me ha dolido decidir que no formen parte de mi vida más. Ya sea amistad, amor, o lo que sea. Una persona te cansa, te traiciona, te decepciona repetidas veces, y te hace sufrir tanto que prefieres olvidarte de ella y superar ese dolor con el tiempo. Seguir a su lado y con esa amistad sin saber bien qué es lo bueno que te aporta... al final se hace insoportable. No me ha gustado poner nunca sonrisas cuando las cosas van mal, me gustan las cosas claras, las amistades transparentes, la coherencia.
De vez en cuando me acuerdo de A. Me gustaría saber qué es de ella. Me escribió una carta meses después de decirla que ya no confiaba en ella. No contesté. No me arrepiento... estuve un año dando oportunidades y cuando decidí prescindir de ella era una decisión muy clara que unos meses después, cuando me escribió, siguio inamovible.
Pero con el tiempo parece que lo malo se borra y lo bueno permanece. Supongo que son cosas que pasan y que a lo largo de la vida se van recordando. Pero bueno, no sé, a lo mejor un día la doy y me doy una sorpresa... probar es gratis. Sin embargo, lo más probable es que cuando te reencuentras con alguien, encuentres a una persona diferente, con la que compartes recuerdos, sí, pero nada más.
Todas las semanas doy clase a una niña de 14 años. Me recuerda bastante a mí cuando tenía su edad, tengo confianza con ella, son unos años ya dandole clase. Y a veces me gustaría poder decirla ¡Aprovecha el tiempo! ¡Haz amigos! ¡Vive, comparte, abrete! La gente a los 20 se vuelve gilipollas. Cada uno va a su bola. Nadie conoce a nadie. Me gustaría decirla que si tiene amigos, que por nada del mundo se enfade por tonterías. Que no merece la pena. Que discutir es de humanos y que es más fácil de lo que parece reconciliarse. Que ser inflexible no merece la pena. Me gustaría decirla que conserve todo lo que pueda de esa edad. Que a los veintitantos, si no lo ha conservado, probablemente lo eche en falta. La diría que defienda su individualidad, pero que no se aisle, que intente reafirmarse, pero que lo comparta y no se cierre a lo que ella cree ser, ya sea gótica, punk, normal, pija... cualquier subcultura adolescente que quiera ser. La diría que conozca a toda la gente que pueda, y que no juzgue, que se moleste en conocer a la gente entonces, porque es cuando más podrá conocerles y llegar a quererles.
Pero no voy a hacerlo, porque no soy quién, porque mis experiencias son subjetivas. Porque probablemente no es a ella a la que quiero decirle las cosas... sino a mí. A mi yo de hace 9 años. Y ahora ya no se puede volver atrás.
En cierto modo no me arrepiento de haberme liberado del lastre emocional que me suponía continuar junto a algunas personas. Si me translado a aquellos momentos, sé que lo hice para ser sincera, como último acto de lealtad, que los que habían sido mis amigos supieran toda la verdad y para sentir coherencia entre lo que pienso, siento, digo y hago. La sensación más que de arrepentimiento es de deseo, de nostalgia, de lo que podía haber sido y no fue, de todo el potencial de amistad que se fue al garete. Tristeza, supongo....
Y el otro día, lo que estuve pensando y que de hecho twitteé.. fue que he tirado la toalla en esto de encontrar personas. Amigos. Parece como si yo necesitara sentir mucho más para considerar a la gente amigos míos. He tirado la toalla, y sé que nunca más tendré amistades sinceras y verdaderas, sin intereses ocultos. Que ahora sólo me queda lamentarme por las oportunidades perdidas por culpa de mi orgullo y recordar con cierta nostalgia lo que tuve hace años, y, por supuesto, procurar conservar con todo el mimo posible las que tengo y agradecir que estén ahí. Pero seguir buscando amistades me causa bastantes quebraderos de cabeza cuando me doy cuenta de que la gente solo me quiere por mis apuntes, o para reirse un rato conmigo, o para que les invite a un café, o para hacerles caja en el bar en que maltrabajan cada noche.
Es triste cómo funciona la vida. A todas las personas les diría... a veces hay que olvidarse del orgullo, del dinero, de lo que uno 'es', de que ya teneis la vida resuelta y no necesitáis nada más... hay mucha gente a vuestro alrededor que se sienten tan solos como vosotros. Que recuerdan su adolescencia con la misma ternura que vosotros. Que no llaman a los viejos amigos por la misma razón que vosotros...
